Este 28 de junio, desde eginaren eginez, Asociación de Personas con Discapacidad Física de Álava, afirmamos con fuerza que las personas con diversidad funcional también formamos parte del Orgullo. También somos diversidad. También somos disidencia. También somos cuerpos, identidades, deseos, afectos, vínculos y formas de vida que durante demasiado tiempo han sido vigiladas, corregidas, negadas o expulsadas del espacio público.
El capacitismo ha querido encerrarnos en un lugar de dependencia, silencio e infantilización. Un lugar donde otras personas deciden por nosotras y nosotros cómo debemos vivir, qué podemos hacer con nuestro cuerpo, qué relaciones son aceptables, qué identidad merece reconocimiento y qué vidas pueden considerarse dignas. Un lugar inhabitable para todas aquellas existencias que no encajan en la norma del cuerpo productivo, autónomo según criterios ajenos, heterosexual, binario y obediente.
La tradición activista crip nos ha enseñado una verdad política fundamental: no somos nosotres quienes fallamos por no adaptarnos a la norma; es la norma la que ha sido construida sin contar con nuestras vidas. Esa crítica ha puesto en evidencia que la exclusión no nace de nuestros cuerpos, sino de un orden social que jerarquiza, disciplina y decide qué cuerpos importan, qué deseos son legítimos y qué formas de amar, convivir y existir son aceptables. Tal y como ha venido desarrollándose en las luchas queer y de la discapacidad, esta perspectiva ha reclamado orgullo frente a la vergüenza y dignidad frente a la patologización.
Por eso, desde eginaren eginez exigimos también memoria, reconocimiento público y justicia histórica para tantas personas activistas que, desde posiciones queer, trans, bolleras, marikas y crip, sostuvieron con su propia exposición la lucha por el derecho al respeto, al deseo, a la diferencia y a la ciudadanía plena.
Reconocerlas no es un gesto simbólico menor. Es una responsabilidad política. Porque sin esas genealogías, el Orgullo corre el riesgo de olvidar a quienes lucharon en los márgenes de los márgenes. Y porque no aceptamos un relato del movimiento LGTBIQ+ que deje fuera a quienes combatieron simultáneamente la LGTBIfobia, el capacitismo, el racismo, la pobreza, la institucionalización y las violencias sobre los cuerpos considerados impropios.
Afirmamos con claridad que el desarrollo pleno de la dimensión sexual, afectiva, relacional e identitaria de las personas con diversidad funcional solo es posible cuando se garantizan plenamente nuestros derechos humanos. Y, de forma irrenunciable, cuando se garantiza el derecho a la vida independiente: el derecho a decidir dónde vivir, cómo vivir y con quién compartir la vida. Sin autonomía real, sin apoyos suficientes, sin accesibilidad, sin intimidad, sin asistencia personal, sin recursos materiales y sin capacidad efectiva de elección, no existe verdadera libertad.
Reivindicamos el derecho a construir proyectos de vida propios en Euskadi y en el Territorio Histórico de Álava. El derecho a elegir si queremos vivir solas, en pareja, con amistades, en redes de apoyo mutuo o en cualquier otra forma de convivencia libremente elegida. El derecho a compartir la vida en relaciones formales o no, continuadas o no, monógamas o no normativas, poliamorosas o articuladas en redes de personas relevantes. Ninguna institución, ninguna familia, ningún sistema de apoyos y ninguna moral social debe decidir por nosotras y nosotros qué modelo de vida, de deseo o de vínculo es legítimo.
Exigimos a las instituciones vascas políticas públicas valientes que hagan efectivo todo esto: vida independiente, asistencia personal suficiente, accesibilidad universal, educación afectivo-sexual inclusiva y accesible, respeto a la autodeterminación, prevención de violencias, garantía de intimidad y reconocimiento pleno de la diversidad sexual y de género de las personas con diversidad funcional. No basta con hablar de inclusión mientras sigan existiendo estructuras que nos niegan el derecho a decidir sobre la propia vida.
No queremos seguir siendo objeto de tutela, corrección o silencio. No queremos seguir siendo tratadas como personas eternamente menores de edad. No queremos que se nos conceda existir solo a condición de no incomodar a la norma. Queremos vivir plenamente, con dignidad, con libertad, con deseo, con apoyos y con poder real sobre nuestras decisiones.
Este 28J decimos alto y claro, desde Álava y desde Euskadi, que no hay Orgullo sin inclusión, no hay respeto a la diversidad sin vida independiente, no hay libertad sin autodeterminación y no hay justicia mientras las personas con diversidad funcional sigamos siendo expulsadas de la ciudadanía plena.
Porque nuestras vidas valen.
Porque nuestros cuerpos importan.
Porque nuestras identidades y nuestros vínculos merecen reconocimiento.
Porque no pedimos permiso: exigimos derechos.
Eginaren eginez – Asociación de Personas con Discapacidad Física de Álava
28 de junio – Día del Orgullo LGTBIQ+